
Mi Camino
Las cimas que alcancé, los caminos que recorrí y las personas que hicieron que cada paso tuviera sentido.
Cada paso me acercó a la vida que hoy elijo.
ANILLO VINDIO

TRAMONTANA
Mi primera cima fue en los Picos de Europa, en el Canal de Trea.
Hasta entonces pensaba que el miedo era algo que había que vencer. Pero allí descubrí otra cosa: el miedo también puede acompañarnos mientras avanzamos.
Aprendí a escucharlo, a respetarlo y a seguir caminando a pesar de sentirlo.
Cada paso me enseñaba que podía llegar un poco más lejos de lo que pensaba.
Y entendí que muchas veces aquello que más nos frena no está delante de nosotros, sino dentro.
Fue mi primera cima. Y también el comienzo de una nueva forma de mirar el camino.
La Tramontana de Palma de Mallorca, fue mucho más que una ruta.
Fueron siete etapas y un objetivo: dar las gracias a las personas que, de una manera u otra, habían caminado conmigo.
Cada etapa tenía un nombre, un motivo y una historia detrás.
Primera Etapa YOLANDA BERNÁRDEZ · ALDABA PSICOTERAPIA. YOLANDA · Aprender a mirarme.
Hay personas que llegan a tu vida para acompañarte. Y hay personas que, además, te ayudan a encontrarte. Yolanda ha sido una de ellas. Por estar.
Por acompañarme en todo momento y no soltarme cuando más lo necesitaba.
Por escucharme, por ayudarme a mirar hacia dentro y por caminar conmigo incluso cuando yo todavía no sabía hacia dónde iba.
Durante este camino me ha ayudado a poner palabras a lo que sentía, a entenderme, a aceptar mis límites y, poco a poco, a aprender a mirarme de otra manera. Nunca me ha dicho cómo tenía que vivir.
Me ha acompañado para que pudiera descubrirlo por mí misma.
Y quizá eso sea una de las cosas más bonitas que puede regalarte alguien: no darte respuestas, sino ayudarte a encontrar las tuyas.
Parte de la mujer que hoy soy también nació de todo lo que fui descubriendo mientras caminaba a su lado.
Esta etapa fue mi manera de decirte gracias.
Gracias por estar. Gracias por escuchar. Gracias por acompañarme.
Gracias por no soltarme la mano. ❤️
Yolanda, esta parte de mi camino también lleva tu nombre.
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Segunda Etapa · Fundación y Hospital MD Anderson Cancer Center
Aquella etapa no era solo un recorrido por la montaña. Era una manera de caminar por todas las personas que forman parte de un hospital.
Por los pacientes que luchan cada día con una fuerza que conmueve.
Por los médicos, enfermeras y todo el personal sanitario que cuida con una mezcla de ciencia, compasión y entrega.
Por quienes limpian, cocinan, organizan y acompañan, aunque muchas veces pasen desapercibidos. Por todas esas personas que sostienen sin ser vistas.
Y, muy especialmente, por los voluntarios.
Por quienes regalan su tiempo, su sonrisa y su presencia. Por quienes escuchan, acompañan y están sin pedir nada a cambio.
Ese día cada paso tenía un significado.
Mientras yo subía una montaña, pensaba en todas las personas que estaban subiendo otras mucho más difíciles, invisibles y constantes.
Y cuando llegué a la cima, mi forma de dar las gracias fue sencilla:
llevaros conmigo hasta arriba.
Gracias por todo lo que hicisteis por mí.
Gracias por enseñarme lo que significa cuidar, acompañar y resistir con amor.
Esta cima fue por vosotros. Y cada paso llevó un pedacito de mi corazón.
Tercera Etapa· Mis compañeros de trabajo · Mercedes-Benz España
Esta etapa fue dedicada especialmente a vosotros, por sacar lo mejor de mí.
Nunca hubiera pensado que sería capaz de hacer tantas cosas, de superarme y, sobre todo, de disfrutar tanto de ellas. Y una parte de todo eso fue posible gracias a vosotros.
Estos caminos me enseñaron a superarme, pero también a valorar cada cosa que tengo y a descubrir que valorar lo que tenemos nos hace más felices.
Hay momentos en los que falta el aire y el cuerpo te pide parar. Es precisamente entonces cuando entiendes que el verdadero aliento para seguir adelante está muchas veces dentro de nosotros.
Cuando escuchas a tu cuerpo, empiezas también a escuchar lo que te hace feliz.
Y aprendes que con muy poco se puede vivir, cuando sabes valorar lo que tienes, quién te acompaña y cada pequeño momento del camino.
Esta cima fue mi manera de daros las gracias por haber sacado una parte de mí que yo misma todavía no conocía.
Cuarta Etapa · Mis amigos
Vuestras palabras son ese abrazo que empuja en cada paso.
Esta ruta fue conseguida al límite, sí… pero siempre escuchando al cuerpo, cuidando el alma y dejando espacio para sentir.
Cada gesto, cada mirada, cada respiro y cada palabra vuestra me acompañaron en el camino.
Porque hay momentos en los que una pequeña muestra de cariño puede darte el aliento que necesitas para seguir.
Y también aprendí que no todo consiste en llegar a la cima.
Está en cada paso, en cada pausa, en cada conversación y en esas pequeñas cosas que llenan el corazón y nos recuerdan lo hermoso que es seguir caminando y seguir disfrutando de la vida, con todo lo que trae.
Esta cima fue dedicada a vosotros.
Con mucho cariño, os llevo en mis pensamientos y en mis pasos.
Quinta Etapa · Mi familia
A mis raíces. A las personas que forman parte de mi historia, de lo que soy y de todo aquello que me ha llevado hasta aquí.
Porque incluso los caminos más difíciles también forman parte de nuestra historia y nos enseñan quién queremos ser.❤️
Sexta Etapa · ❤️ Mis hijas ❤️
A las dos personas que más quiero.
A mis hijas, que han vivido su propia historia y que también han sufrido.
Esta etapa tenía un significado especial para mí.
Quería llegar hasta ellas con todo lo que no siempre he sabido decir con palabras: que las quiero, que forman parte de mí y que, aunque nuestros caminos no siempre hayan sido fáciles, mi amor por ellas nunca han dejado de estar.
Esta etapa no pude completarla.
Pero quizá hay caminos que no se terminan en una montaña. Hay caminos que necesitan tiempo.❤️
Septima · Yo 🌿 Y esta era la última.
La que me reservé para mí. Porque durante mucho tiempo pensé en llegar por los demás, cuidar a los demás, acompañar a los demás y estar para los demás. Y poco a poco he aprendido que yo también formo parte de las personas a las que tengo que cuidar. Esta etapa tampoco pude completarla entonces. Pero hoy la entiendo de otra manera. Quizá no era el momento.
Y entonces aprendí algo que la montaña todavía sigue enseñándome:
No siempre parar significa rendirse. A veces significa escuchar. Escuchar al cuerpo. Escuchar lo que sentimos. Aceptar nuestros límites.
Cambiar de camino cuando es necesario. Porque saber parar a tiempo también es una forma de seguir avanzando. Las etapas que no terminé siguen ahí. No como un fracaso. Sino como caminos que algún día quizá pueda volver a recorrer.
El camino no siempre termina donde habíamos pensado. A veces simplemente nos está enseñando por dónde continuar.


No quería llegar simplemente a la cima. Quería que cada paso llevara conmigo un pedacito de las personas que habían formado parte de mi camino.

7 Etapas - 1 Objetivo



Pico de la Empanada

Pico de la Empanada, una cima donde me recordó todos los valores que aprendí. Equivocarse es de sabios, rectificar y encontrar de nuevo el camino.

La cima que no necesitó ser alcanzada: Anayet.
Cuando llegué al Pirineo y vi las montañas sin nieve, me impresionaron de una manera que no esperaba.
Y quizá por eso este viaje me enseñó tanto.
Habíamos recorrido muchos kilómetros y bastante desnivel cuando llegamos al Anayet. Hacía años que no volvía a estas montañas y me impresionó muchísimo verlas sin nieve. Las recordaba blancas y esta vez estaban grises, enormes, con toda su fuerza y su dureza delante de nosotros. La nieve las hace más suaves, pero sin ella ves realmente lo que tienes delante. Y me encantó volver a encontrármelas así. Para llegar a la cima nos quedaba una última chimenea de unos 30 metros. Yo estaba a menos de 20 metros cuando sentí un dolor muy fuerte en el brazo. Y ahí lo tuve claro. No podía seguir.
Mis compañeros me dijeron que me ayudaban, que me acompañaban hasta arriba. Y sé que lo hicieron desde el cariño y porque sabían que no me iban a dejar sola.
Pero en ese momento pensé: No voy a arriesgar mi vida. Y tampoco voy a poner en riesgo la vida de mis compañeros.
Así que me di la vuelta.
Y lo curioso es que no sentí que hubiera fracasado. Ellos siguieron y llegaron a la cima. Yo me quedé abajo, disfrutando de la montaña y de todo lo que habíamos vivido durante el camino. Y me alegré muchísimo de verlos llegar. Y mientras los veía pensé en algo que para mí es muy importante: en la montaña nadie se queda atrás.
Si alguien necesita ayuda y está dentro de mis posibilidades, le doy la mano. Y si no puedo hacerlo, pido ayuda.
Pero también he aprendido que ayudar a alguien no significa poner en riesgo tu propia vida ni la de las personas que te acompañan. A veces acompañar es subir juntos. A veces es esperar. A veces es pedir ayuda.
Y a veces es saber decir: «Hasta aquí puedo llegar.» Y eso también es cuidar. Esta vez no llegué a la cima del Anayet. Pero para mí, de alguna manera, sí llegué a una cima. Porque aprendí a escuchar a mi cuerpo, a respetar mis límites y a confiar en las personas que caminaban conmigo.
Y quizá eso sea también la vida:
no llegar siempre hasta donde habíamos pensado, pero saber cuándo parar, seguir disfrutando del camino y no dejar a nadie atrás.










